Testimonios de pacientes con relación al período postoperatorio: Los resultados hablan por sí mismos.

El Dr. Rodríguez afirma que el mejor regalo de agradecimiento que puede recibir de un paciente es verle recuperar positivamente. Aquí encontrará testimonios de diferentes pacientes, que en sus propias palabras nos hablan sobre sus experiencias.

Elizabeth A.

Hola Dr. Rodríguez.

Usted tiene toda la razón cuando dice que nunca se puede estar seguro de cuáles van a ser los resultados de una cirugía compleja, y que hasta los médicos más expertos sufren frustraciones. Estamos muy agradecidos por los resultados que ha experimentado Elizabeth. Ha progresado de forma positiva. Todavía nos parece un milagro.

Aquí le envío dos fotos de las semanas de cuando Elizabeth fue a Suiza para escalar la Haute Route. Fueron tomadas a finales de agosto, casi un año después de la cirugía para remover sus "pins". Estoy segura de que estas imágenes lo harán sonreir.

  

Kathryn A. (hermana de Elizabeth)

Dr. Rodriguez,

Quería escribirle para dejarle saber lo bien que me sentí con el dispositivo de infusión de marcaina (medicamento portátil por catéter) que usted me administró después de la cirugía de tobillo para aliviarme el dolor. Pude caminar a tan sólo horas después de haberme operado. Dormí profundamente esa primera noche luego de la cirugía. Solamente me tomé un medicamento contra el dolor esa noche y la siguiente. Después de la segunda noche no tomé ningún otro fármaco contra el dolor.

Al siguiente día tuve que viajar en avión, por lo que me vi obligada a caminar largas distancias sobre la superficie dura de los pisos del aéreopuerto. No sentí dificultad al caminar. Pude atravesar el área de seguridad del aéreopuerto sin mayores tropiezos. Los Agentes de Seguridad (TSA) lo único que hicieron fue verificar el dispositivo para asegurarse de que no contenía residuos explosivos y luego me dejaron entrar.

Ninguna de mis amistades se percató del dispositivo, ya que viene en un bolso de cintura muy discreto. El dispositivo me permitió regresar a mi vida normal poco después de la cirugía. Cuando el dispositivo de marcaina se terminó, pude remover el catéter sin dificultad alguna.

Gracias por haberme recetado este dispositivo anestésico portátil contra el dolor.

Elizabeth A.

Hola AAC E-News,

Sé que es muy común que los escaladores y los alpinistas sufran de fracturas en los huesos de los pies y tobillos. Ahora bien, no fue hasta que me sucedió a mí que pude experimentar lo debilitante que son las lesiones en el pie. Luego de hacer varias investigaciones encontré una técnica médica que, aunque es raramente utilizada, puede hacer la diferencia entre volver a escalar o estar lisiado toda una vida. Quiero compartir mis hallazgos con otros alpinistas.

El pasado mes de mayo, mientras trabajaba como guía de montaña en Utah, aterrizé sobre un terreno peñascoso de unos 12 pies de altura. Se me destrozó el talón derecho, el tobillo y me fracturé 3 metatarsos. El primer cirujano ortopeda que visité me dijo que nunca más podría volver a caminar sobre superficies irregulares. Me afirmó que los fragmentos de hueso fracturado eran tan pequeños que no me podía garantizar una reconstrucción. Me sugirió enyesarme y esperar que la fractura sanara por sí misma lo mejor que pudiera. Claro está, esto me hubiese dejado con un pie deformado y una pierna media pulgada más corta que la otra. Consulté con una amiga que sufrió un accidente similar en el 2003 optó por ponerse el yeso. Me dijo que aun después de tres cirugías todavía tenía que caminar con bastón. Estuvé días leyendo artículos de revistas médicas. Todos coincidían en el mismo panorama desconsolador: las personas con fracturas de talón sufren dolores por el resto de su vida y muy pocas veces logran volver a trabajar.

Llamé a Malcolm Daly para que me diera su opinión sobre el asunto. Él sufrió un accidente de alpinismo en Alaska en el 1999 y se fracturó el astrágalo (hueso del tobillo). Luego de muchas cirugías, comprendió que estaría lisiado por el resto de su vida, por lo que optó por la amputación de su extremidad por debajo de la rodilla. Tengo 28 años y soy guía alpinista profesional, por lo que quería evitar a toda costa recurrir a tan drástica opción para recuperar mi estilo de vida. Finalmente, encontré un artículo en una revista médica que me dio esperanza. Un pequeño número de médicos en los Estados Unidos realizan el procedimiento de Fijación Externa para tratar fracturas complejas del pie y el tobillo. El fijador externo tiene unos anillos de fibras de carbono que circundan el pie y el tobillo, y con alambres de tensión atraviesan el pie de un lado a otro. Estos alambres mantienen los fragmentos de hueso en su lugar mientras se reparan.

El Dr. Edgardo Rodríguez me puso el fijador externo en el Chicago Foot and Ankle Deformity Correction Center. Pudo reconstruir la anatomía de mi pie en su totalidad. Cuando me removió el fijador, no quedó ningún aditamento en mi pie. Pronto estaré comenzando terapias físicas para recuperar el alcance de movimiento de mi pie. Tanto mi médico como yo estamos confiados de que seré guía alpinista nuevamente.

Además del Dr. Rodríguez hay otros médicos que practican este procedimiento: George Vito, en el Foot and Leg Centers de Georgia, Dror Paley en el Sinai Hospital de Baltimore y David Levine en el Hospital for Special Surgeries de Nueva York.

Quiero compartir mi historia con la comunidad de alpinistas para que las personas que han sufrido de fracturas complejas del pie y tobillo conozcan la opción del Fijador Externo. Si no hubiera encontrado al Dr. Rodríguez en Chicago, hubiera tenido que optar por la amputación.

Other doctors in the United States who do this procedure include George Vito at the Foot and Leg Centers of Georgia, Dror Paley at Sinai Hospital in Baltimore and David Levine at the Hospital for Special Surgeries in New York.

     

Elizabeth Andre

Charles B.

Mi nombre es Charles B. Soy pastor en Gary, Indiana. Actualmente me encuentro en adiestramento para ser asignado a mi primera iglesia.

Pienso que esta información es importante porque todo lo que contaré a continuación es totalmente cierto. Por cuatro años, he sufrido de úlceras diabéticas severas en la planta de mi pie derecho. Luego de años de cirugías y tratamientos, desarrollé pie de Charcot. A consecuencia de esto, me salió una úlcera crónica que con el tiempo se agrandaba cada vez hasta que llegó a medir 6-1/2cm por 8cm.

El mal de Charcot me deformó el pie al punto que parecía un pie zambo. En febrero del 2006, sufrí una inmensa infección por lo que me tuve que someter a tratamiento de antibióticos intravenosos. Muchos doctores me aseguraron que yo era candidato perfecto para amputación de la pierna debajo de la rodilla. Esta era la solución a mis años de frustración.

Como hombre de fe que soy, me negaba aceptar que la amputación fuera mi única opción. Mi esposa y yo comenzamos a buscar en Internet las alternativas de tratamiento para pie Charcot y encontramos al talentoso pero sobre todo, muy humilde Dr. Edgardo Rodríguez.

Fuimos a su oficina y él nos explicó detalladamente mis opciones: amputación o la aplicación de un Fijador Externo que podía ser una última oportunidad para salvar mi pie. Luego de mucha oración e investigación, mi esposa y yo decidimos tratar la opción del Fijador Externo. Habíamos buscado mucha información sobre el pie Charcot y los fijadores externos, y queríamos encontrar alguien que tuviera vasta experiencia en la aplicación de estos dispositivos tan formidables.

Doy gracias a Dios que guió a mi esposa a encontrar al Dr. Rodríguez. El Dr. Rodríguez contaba con la experiencia que estábamos buscando. Es una persona de una fuerte, pero gentil presencia y como yo, un hombre de gran fe. El 23 de mayo del 2003, el Dr. Rodríguez me puso el fijador externo en la pierna y el pie. Me explicó que al día siguiente podía tomar pasos livianos con el apoyo de un andador. Cuando uno está enfermo, uno se cansa de sentirse sin energías, por lo que cualquier incomodidad o inconveniencia es aceptable con la esperanza de que vas a recuperar un nivel de vida aceptable. Dios me dio la dicha de tener una gran esposa, un gran médico (Dr. Rodríguez) y muchas personas que oraron por mí.

Para octubre del 2006, mi pie había sanado, la úlcera había desaparecido. Tengo un pie con una alineación casi perfecta y un nivel de vida que ha mejorado al 100%. Todavía tengo pequeños obstáculos que superar, pero le recomiendo el Dr. Rodríguez a cualquier persona cuya condición del pie le haya limitado o reducido su vida a condiciones inaceptables. El Dr. Rodríguez es uno de esos héroes de Dios que atiende a las personas que lo necesitan con pasión y compasión.

Lo quiero mucho "Doc"
Pastor Charles B.

Jolene G.

Visité al Dr. Rodríguez por primera vez a mediados del 2003, para ver qué se podía hacer con mi pie izquierdo. Tengo pie plano y el año pasado comencé a sentir dolor en las piernas al caminar o estar de pie por mucho tiempo. A medida que pasaba el tiempo me sentía peor. Antes de llegar al Dr. Rodríguez ya había pasado por dos cirugías.

La primera cirugía fue para unir un tendón y remover el depósito de calcio dentro del pie. Luego de seis semanas, mi pie se había desplazado aún más. La segunda cirugía fue para reconstruir el pie e insertar un tornillo en el talón que mantendría el pie en posición correcta. Luego de 12 semanas (seis semanas con yeso), tampoco obtuve buenos resultados. Como el pie no quedó alineado correctamente, comencé a sentir dolores en la rodilla y la espalda. Fue ahí cuando decide visitar otro médico, y éste me recomendó con muy buenas referencias al Dr. Rodríguez.

Durante mi primera visita con el Dr. Rodríguez, él me explicó que debido a mis dos cirugías fallidas y a los síntomas que yo sentía, le preocupaba mucho el estado de mi tobillo. Yo caminaba sobre el interior de mi pie. La única opción era proceder con una Triple Artrodesis. Me explicó la diferencia entre usar el fijador externo o el yeso. Con el yeso no iba a poder ejercer peso sobre el pie, mientras que con el fijador sí iba a poder aplicar peso en un tiempo relativamente corto. El tiempo de recuperación con el fijador es casi la mitad del tiempo que toma la recuperación con el yeso. Más aun no habría tornillos, ni placas, ni nada en mi pie. La recuperación total tomaría un año y medio.

Decidí optar por la Triple Artrodesis. El Dr. Rodríguez me operó el 17 de octubre de 2003. El anillo superior me lo removió el 19 de diciembre. Continué usando muletas y una bota para caminar. Ya para la víspera de año nuevo, estaba caminando solamente con la bota. Luego de terapias y mucho esfuerzo, en junio de 2005 pude volver a hacer las cosas que más disfrutaba. Mi pie está derecho y no siento dolor alguno en mi rodilla o espalda. Dr. Rodríguez es definitivamente uno de los doctores más expertos que he conocido. Es muy dedicado en su trabajo. Le estoy sumamente agradecida por todo lo que ha hecho por mí. Mi vida no hubiera podido volver a ser la misma si no hubiera sido por el Dr. Rodríguez.

Gracias desde el fondo de mi corazón.

Jolene G.

Joseph M.

Por años sentí dolor e incomodidad en mi tobillo derecho. Fui a que me lo examinaran muchas veces y me inyectaron cortizona en repetidas ocasiones. En la primavera del 2006, entendí que ninguno de estos procedimientos estaba mejorando la condición de mi pie, el dolor estaba empeorando, el tobillo se me inflamaba a diario y sentía mucha dificultad al caminar. Hacía poco tiempo que me había mudado a 40 millas de mi residencia actual y estaba en busca de un médico especialista en pie y tobillo que me diera su opinión con relación a las diferentes alternativas que hay para mejorar la función del tobillo.

Cuando el Dr. Word me examinó, me dijo que un tobillo en las condiciones tan pobres en las que estaba el mío solamente se ve una vez al año en su oficina. Me afirmó que el tobillo necesitaría una fusión, pero al no tener mucha experiencia en este tipo de procedimiento me refirió al Dr. Rodríguez.

El Dr. Rodríguez me examinó y me sugirió la opción de un procedimiento que repararía el tobillo y le daría movilidad. La fusión no era, en su opinión, la mejor alternativa para mi caso. Debo admitir que el procedimiento fue mucho más complicado de lo que me esperaba, pero los resultados han sido maravillosos. Luego del procedimiento, permanecí 23 horas bajo observación y regresé a casa con un tobillo totalmente reconstruido y con un mecanismo que iba desde la pantorrilla hasta el tobillo. El mecanismo consistía de varios alambres que habían sido insertados en los huesos de la pierna y el tobillo. Aunque las primeras seis semanas fueron incómodas por el mecanismo que tenía que llevar puesto y por el uso del andador, la verdad es que no sentía casi dolor. Cumplidas las seis semanas, me removieron el mecanismo y los ligamentos del tobillo ya estaban totalmente reparados. Pude proceder con las terapias, que aunque a veces eran dolorosas, me permitieron ver una rápida mejoría en el movimiento del tobillo. Inmediatamente, empecé a sentir un aumento en la flexibilidad del tobillo, y ahora, cinco semanas después de la terapia puedo caminar casi sin dolor y tengo una flexibilidad en el tobillo que no había tenido en casi diez años.

Me siento afortunado de que se me haya practicado este procedimiento en lugar de la fusion del tobillo, pues me ha permitido una gran flexibilidad de movimiento. En cuanto al Dr. Rodríguez y todo su personal, puedo decir que evaluaron mi progreso muy de cerca. Siempre estuvieron disponibles para contestar mis preguntas y programar las citas médicas y las terapias a mi total conveniencia

El Dr. Rodríguez es muy competente en este procedimiento y en cada cita de seguimiento recibes de él las palabras de entusiasmo que necesitas para seguir mejorando y las indicaciones apropiadas para continuar progresando. Le recomiendo el Dr. Rodríguez y este procedimiento a cualquier persona que piense que la fusión de tobillo es la única opción disponible para la reparación del tobillo. Este procedimiento, les hará ver, al igual que a mí, lo maravilloso que es poder volver a tener un tobillo normal

Joseph M.

Yvonne M.

Querido Dr. Rodríguez,

Durante mi infancia, recuerdo que siempre que caminaba me cansaba rápidamente y tenía que terminar tomando descansos en los bancos del parque. Nunca fui muy atlética y recuerdo no haber sido muy diestra en las clases de ballet. A los 9 años de edad, sufrí un accidente y en sala de emergencia me tomaron unas radiografías. Las imagines mostraron que nada serio había sucedido, pero el médico pudo identificar un puente de hueso en la porción calcáneo-navicular del pie. Es por esto, que siempre tuve un pisada inestable y varias torceduras de tobillo.

Poco después me sometí a cirugía en ambos pies, seis meses de diferencia entre cada una. Usé yeso por cinco o seis semanas, caminé con muletas por varias semanas más y continué con las rotaciones de tobillo que eran parte de mi terapia física. Mi pie derecho había tenido mejores resultados que el izquierdo, pero la realidad es que me olvidé de esta condición con el pasar de los años.

A 25 años de edad me dio con comenzar a trotar (jogging) por espacio de hora y media todos los días durante meses sin tomar descanso. Cuando sentía dolor, lo atribuía a mi condición previa y continuaba cuesta abajo o por superficies pavimentadas hasta que el dolor se hacía intolerable. Hasta me molestaba caminar. Traté el gimnasio, pero las clases de aeróbicos me causaban mucho dolor. Me resigné a hacer pesas, pero la rutina era tan monótona que opté por la bicicleta de brazos y la máquina de remar (rowing machine). Traté además las trotadoras, pero se me hacían imposibles. La incomodidad que sentía afectó mi trabajo de maestra y guía turístico, donde debía estar de pie o caminar por largas horas.

Hace dos años y medio, consulté con un cirujano ortopeda que me recomendó postergar la cirugía y trabajar major con la tabla de balanceo (wobble board) para mejorar mi flexibilidad. Además, me recetó unas plantillas suaves para usar dentro del zapato. Esto no me ayudó. Un año más tarde, visité al Dr. Rodríguez y me recomendó usar unas plantillas plásticas para darme más soporte. Sin embargo, no me hacían mucho durante los días largos de trabajo o en días lluviosos. Mis pies se cansaban mucho y la artritis se intensificó. Peor aun, sentía una fuerte presión en las caderas y la espalda.

El pasado mes de junio, el Dr. Rodríguez me practicó una sección bilateral de los nervios y una resección calcáneo-navicular. Al principio estuve en cama con vendajes. Ggradualmente me fui sintiendo cómoda al caminar con muletas y con la bota. En la primera cirugía tuve mayor drenaje y una recuperación más lenta. Debo mencionar, sin embargo, que dos semanas después de la cirugía ya estaba trabajando largas horas en un campus grande haciendo un fellowship a corto plazo. La segundo cirugía se realizó seis semanas después de la primera. La experiencia fue relativamente más liviana, pues estuve el cuidado y la alegre presencia de mi hija menor y estuve bajo tratamiento de acupuntura. Entiendo que estos tres elementos contribuyeron a mi pronta recuperación.

Tres semanas después, me fui de viaje nuevamente, esta vez de placer. Aunque fue agotador, pude visitar los museos en Manhattan y dar paseos dentro del apartamento por las tardes. Cumplidos los tres meses de haber dejado de usar las muletas, mi pie izquierdo sigue más fuerte que el derecho. Todavía me canso durante los días en que trabajo 12 horas o en los días lluviosos. Por otro lado, sigo caminando constantemente, algo esencial para toda persona que vive en centros históricos. Vivo en una torre de edificio, lo que me obliga a subir escaleras a diario. Puedo cumplir cómodamente con mis asuntos personales y de trabajo. En resumen, me siento increíblemente major. MIS SINCERAS GRACIAS!!!

A presto!

Yvonne M.

Judy S.

El 15 de mayo de 2004, me lesioné el pie derecho a consecuenica de una caída en las escaleras del sótano en mi casa. El médico podiatra de mi comunidad me diagnósticó un desplazamiento (over extended foot) y procedió con los procedimientos de tratamiento convencionales. Al tiempo, me apareció un gran nudo en el pie. Cuando le pregunté al médico lo que era, me dijo que no sabía. El pie estaba poco a poco desarrollando una curvatura que lo rotaba hacia adentro. Se me estaba haciendo cada vez más difícil caminar y acomodar el pie dentro del zapato. Fue entonces que el médico me sugirió la posibilidad de una cirugía reconstructiva.

Consultamos con un cirujano ortopeda en Peoria, Illinois que nos indicó que mi condición era consecuencia de una ruptura en el tendón y que habíamos perdido mucho tiempo en optar por la reparación. Nos aseguró que podia enderezar el pie. Sin embargo, la situación se había complicado, pues yo estaba padeciendo de insuficiencia renal sin conocer la causa. La cirugía se programó para el 14 de mayo de 2005. Me practicaron el método tradicional de inserción de placas y tornillos. Desgraciadamente, no fue suficiente para detener la creciente curvatura del pie. De hecho, para noviembre del 2005 se me hacía imposible caminar por más de dos horas, y no podía acomodar el pie en los únicos zapatos que podía usar, zapatos de hombre con la horma más ancha que viene. Me recetaron ortóticos suaves para ofrecerle apoyo y acojinamiento al pie. Me dijeron que el pie tenía 128 huesos y que debía descartar la idea de una segunda cirugía. Además, me dijeron que cuando ya se me hiciera imposible acomodar el pie dentro del zapato, Hangers en Peoria me harían un molde del pie deforme para mandarme a preparar un zapato especial. No sabía que más esperar a este punto. A los 59 años de edad, mi futuro se veía muy desalentador.

Decidí buscar una segunda opinión y evaluar más opciones. Visité un médico en Hamilton, Illinois. Me dijo que si continuaba caminando con ese pie acabaría en una silla de rueda en cuestión de cinco a diez años. Peor aun, si el pie se ulceraba tendría que optar por la amputación. Para este momento, ya nos estábamos dando cuenta que los métodos quirúrgicos tradicionales no iban a mejorar mi situación. El médico nos dijo que la única persona que él me recomendaba era el Dr. Rodríguez en Chicago, Illinois.

Luego de hacer nuestras investigaciones por Internet sobre todas las alternativas posibles, le pedimos que nos concertara una cita con el Dr. Rodríguez. Nos reunimos por primera vez con el Dr. Rodríguez el 20 de febrero del 2006. Después de dialogar con él sobre las alternativas de cirugía y de tratamiento, pautamos la fecha de la cirugía para el 29 de marzo de 2006. Me puso un fijador externo que me permitió ejercer peso sobre la pierna y el pie enseguida después de la cirugía. Podía caminar y estár activa. Qué diferencia, con una cirugía tradicional hubiera tenido que esperar 14 semanas para poder caminar.

Hubo complicaciones imprevistas. En una de las citas de seguimiento, el Dr. Rodríguez notó que mi pie se estaba torciendo al punto de exceder la fusión del pie, debido a un tendón que ejercía más presión en un lado del pie que en otro. Me hizo una segunda cirugía el 17 de julio de 2007 para relocalizar el tendón. Hasta el día de hoy el pie se ha mantenido derecho, no siento dolor y uso zapatos normales. Gracias al Dr. Rodríguez pude bailar en la boda de mi hijo el pasado mes de octubre. Tengo la certeza de que sin la ayuda del Dr. Rodríguez esto no hubiera sido posible.

Gracias Dr. Rdríguez por devolverme mi calidad de vida, es usted un verdadero hacedor de milagros. Que Dios lo siga bendicendo para que continue realizando su trabajo.

Judy S.